Los jóvenes, algo sonrojados, exclamaron enseguida:
—¡No tienes que bailar, basta con que te quedes aquí! ¡Nosotros bailaremos para ti!
Al escucharlo, Silvina aceptó de buen grado y se colocó en medio del círculo, observando cómo aquellos muchachos comenzaban a danzar a su alrededor.
Tania, que ya estaba algo inquieta desde antes, aprovechó el momento para retirarse y volver al sitio de antes, donde se sentó a descansar.
Camille también dio unos pasos hacia atrás y se quedó mirando, contempland