Tania apartó a Santiago de un empujón y se dio la vuelta para marcharse.
Santiago aceleró el paso para alcanzarla, pero en ese instante Liliana se interpuso en su camino.
—Santiago, ¿por qué sigues empeñado en esa mujer que no sabe valorarte? —preguntó con un aire de obviedad—. Tú eres un hombre excelente, con una gran familia. ¿Qué derecho tiene ella a despreciarte?
—Basta, Liliana, no hables así —respondió Santiago con firmeza—. Tania no es de esas que codician la riqueza. Si lo fuera, no hab