Capítulo uno. Un enemigo con apellido millonario.Nueva York despertaba cubierta por una lluvia fina que convertía el pavimento en un espejo grisáceo. Para Daniel Corso, era el clima perfecto: la ciudad parecía contener la respiración, como si supiera que algo estaba por explotar.Entró a la cafetería de Brooklyn donde había acordado encontrarse con los Byron. Su gabardina negra aún goteaba, y su mirada analítica escaneó el lugar antes de avanzar. Tenía ese instinto —feroz y entrenado— que nunca lo abandonaba.Nicole Byron lo vio primero.—¡Daniel! —exclamó, levantándose para abrazarlo con una sonrisa cálida.Kyan, a su lado, levantó la mano en señal de saludo mientras sostenía a Millie, la niña de cuatro años, que estiraba los brazos hacia Daniel.—¡Tío Dan! —gritó ella con la inocencia que quebraba el corazón más endurecido.Daniel no lo admitía, pero Millie era probablemente la única persona capaz de arrancarle una sonrisa genuina sin esfuerzo.—Oye, pequeña, ¿estás creciendo sin p
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