Isabella.Ella volvió como si nada. Bueno, casi, porque tenía las manos con rasguños, marcas rojas que le cruzaban los nudillos y las palmas. De todas maneras, no pregunté, ni siquiera abrí la boca.Todavía me carcomía mi ingenuidad, aunque Bianca no estuviera más, seguía molestándome. Todavía tenía pesadillas con mi madre, con papá, a veces hasta con Enzito. Y yo quería seguir, de verdad quería.La sobrina de Victoria era quien más me distraía, la única que lograba arrancarme de mis pensamientos. Siempre tenía un juego nuevo o ganas de estar en la playa. Nunca se quedaba quieta. No iba a la escuela, pero me sentaba con ella y practicábamos algunas cosas. La tabla del dos, las vocales, cosas así. No sé, a lo mejor pensaba que algún día volveríamos a la normalidad. Que esto no duraría para siempre.Y el tío… ¡Las caras del tío mirando a Luna! Me moría de risa porque no se las conocía. Jamás lo vi así, todo un bobo, babeándose. Se le iban los ojos, se le aflojaba todo. Era lindo. Me hací
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