—¿Y mamá? —A Raina le dio un vuelco el corazón.Julieta, que al principio no le dio importancia, se encogió de hombros, algo confundida.—Aquí estaba hace un segundo.Pero ya no estaba. Raina se había pasado toda la tarde con mil ojos, atenta a todo, pero ni eso fue suficiente. Sintió cómo el miedo le subía de golpe por el cuerpo.—¡Hay que buscarla ahora mismo!Recorrieron el jardín entero, de una punta a la otra, pero no había ni rastro de Carla. A Raina se le endureció el gesto y se fue directo sobre Milena, que seguía muy quitada de la pena en su papel de anfitriona perfecta.—Señora Fonseca, ¿dónde está mi suegra?Milena, que estaba de lo más animada platicando con unas señoras, volteó con esa sonrisa tan amable y tranquila:—¿La señora Herrera? Pero si hace nada estaba por aquí.Raina la miró fijo.—Si le llega a pasar algo, por mínimo que sea...—Ay, nena, te preocupas por nada —soltó Milena con una risita. Ni se inmutó ante la amenaza—. La señora Herrera está perfectamente bie
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