—¿Y mamá? —A Raina le dio un vuelco el corazón.
Julieta, que al principio no le dio importancia, se encogió de hombros, algo confundida.
—Aquí estaba hace un segundo.
Pero ya no estaba. Raina se había pasado toda la tarde con mil ojos, atenta a todo, pero ni eso fue suficiente. Sintió cómo el miedo le subía de golpe por el cuerpo.
—¡Hay que buscarla ahora mismo!
Recorrieron el jardín entero, de una punta a la otra, pero no había ni rastro de Carla.
A Raina se le endureció el gesto y se fue dire