¿Un invitado sorpresa?Raina no tenía idea de quién se trataba, pero fuera quien fuera, tenían que levantarse de inmediato. El problema era que Iván seguía ahí, dormido como un tronco, con el brazo rodeándola de esa forma tan posesiva.—¡Iván, levántate! Mamá trajo a alguien —le pidió ella, tratando de zafarse.—Diles que se vayan, qué flojera... —murmuró él, como un niño berrinchoso.Raina no le hizo caso. Al fin y al cabo, él podía darse el lujo de ignorar a su madre, pero ella no. Con esfuerzo, se quitó el brazo de Iván de encima, saltó de la cama y se vistió a las carreras.Antes de salir, intentó insistirle una vez más, pero él se dio la vuelta y se perdió entre las sábanas. El movimiento dejó a la vista los músculos de su espalda, dibujando una silueta que le recordó, de un solo golpe, lo salvaje que había sido ese cuerpo anoche.Sintió que las mejillas le ardían. Se tragó las palabras y salió de la habitación hecha un rayo.Llegó a la sala y abrió la puerta principal. Al ver
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