Lo que tenga que ser, será... y lo que no, pues no.Raina no tenía prisa ni angustia. Sabía que no se puede tapar el sol con un dedo ni huirle al destino. Al final, tarde o temprano, las cosas caen por su propio peso.Raina se enteró de los problemas del Grupo Herrera por Diego. Varias sucursales estaban siendo auditadas y hasta habían denunciado a Hugo, el padre de Iván, por presunto soborno. Definitivamente, aquel hombre era de los que cumplían sus amenazas.Mentiría si dijera que no se sentía culpable, pero también sabía que, por mucho que ella intentara frenarlo, Iván no iba a dar su brazo a torcer. Estaba dispuesto a todo por Celia. A pesar de que el agua les llegaba al cuello, Iván no soltaba ni una palabra sobre los problemas legales. Al contrario, cuando estaba con ella, se comportaba como si no tuviera ni una sola preocupación encima.—Abuela, vengo a poner una queja formal. Usted se la pasa acaparando a mi mujer, ¿y yo qué? ¿A mí quién me hace caso? —soltó él con tono píca
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