Raina llevaba ya una hora sentada junto a la cama de Celia, pero hoy no había soltado ni una palabra. Se había pasado meses buscando desesperadamente ese "clic" que la trajera de vuelta, pero ahora que lo tenía, sentía un nudo en la garganta que no la dejaba hablar.Robert siempre decía que, si Celia no despertaba, era en gran parte porque ella misma no quería... era como si se estuviera aferrando a la oscuridad. Y ahora Raina lo entendía todo. Con semejante peso encima, era lógico que tuviera miedo, que prefiriera quedarse en ese sueño eterno antes que darles la cara a sus demonios.Pero si seguía así, aquel infeliz que le destrozó la vida jamás pagaría por lo que hizo. Al contrario, seguiría como si nada, sintiéndose intocable.Solo de pensar en el nombre que Rita le había soltado, a Raina se le helaba la sangre. Antes de saberlo, jamás se le hubiera pasado por la cabeza que fuera él. Pero ahora, atando cabos, se daba cuenta de que las señales siempre estuvieron ahí, frente a sus
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