En la lujosa suite del hotel, Julieta abrió la puerta apenas envuelta en una sábana de seda... una de esas movidas que solo ella se atrevería a hacer.
Raina la recorrió con la mirada de arriba abajo.
—¿Qué pasó? ¿A poco el vestido de anoche ya no sirve ni para taparte?
—Servir, sirve, pero quedó hecho un asco y no me lo vuelvo a poner ni loca —Julieta examinó a Raina de pies a cabeza—. Te ves enterita, ¿qué onda? ¿A poco Iván no tiene tanta resistencia?
Como Julieta no tenía pelos en la lengua