Alec la ayuda a salir del jacuzzi con cuidado, como si temiera que el momento pudiera romperse con un movimiento brusco. Sus manos son firmes, seguras, y Jules se deja guiar sin pensar demasiado. La envuelve con una toalla, besa su sien, su frente, gestos suaves que contrastan con la intensidad de minutos atrás.La lleva hasta la cama de la suite. Las luces son tenues, la ciudad queda muy lejos, y las estrellas siguen observándolos desde lo alto, silenciosas testigos de algo que ya no puede deshacerse.Se acuestan juntos.Alec la rodea con un brazo, su respiración aún irregular, el cuerpo caliente, real. Durante unos minutos, Jules se permite quedarse ahí, escuchando el ritmo de su pecho, sintiendo cómo la adrenalina baja poco a poco. Hay calma. Hay una intimidad distinta, más vulnerable.Alec se duerme antes que ella. Lo nota en la respiración profunda, en el peso relajado de su brazo sobre su cintura. Jules permanece despierta, con los ojos abiertos, mirando un punto indefinido
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