Salen del helicóptero todavía con la electricidad del momento anterior vibrándoles en la piel.El ruido de las hélices se disipa poco a poco, pero lo que queda entre ellos no se apaga. Jules aún siente el pulso acelerado, la respiración un poco desordenada, como si el aire le costara más desde que Alec la sostuvo contra él al aterrizar, como si el mundo hubiese quedado suspendido unos segundos demasiado intensos para ser ignorados.Camina a su lado intentando recuperar la compostura, acomodándose el vestido, obligándose a recordar dónde están y a qué vienen.Jules espera encontrarse con una bienvenida cordial, quizá distante, pero correcta.No ocurre.La casa los recibe en silencio. No es un silencio acogedor, sino uno pulcro, tenso, cuidadosamente contenido. Las paredes parecen observarlos, los cuadros antiguos cuelgan con una solemnidad que impone respeto… y juicio.La señora Leduc está de pie en el salón principal, las manos entrelazadas frente al cuerpo, la espalda recta, la expre
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