El zumbido lejano del motor del yate era lo único que rompía el silencio del puerto.
Jules corría por la cubierta, sus tacones resonando sobre la madera, cada golpe marcando la urgencia de sus pensamientos.
Su corazón latía con fuerza, una mezcla de miedo y determinación que la empujaba hacia adelante. Tenía que hablar con Alec, tenía que enfrentarlo, decirle lo que sentía antes de que la noche terminara.
La puerta del camarote de Alec estaba cerrada, pero no la detuvo.
Respiró hondo, tanteó