DALIADos semanas.Catorce días que parecían siglos. Desde que Adriano y yo nos separamos, cada amanecer había sido un castigo, cada noche un infierno. No dormía, no comía, apenas respiraba. La idea de que lo había perdido me estaba matando más lento que cualquier bala. Después de intentar cocinar para Adriano, y no funcionó solo me quedé en casa, no quería salir a ningún lado, Enzo venía a traer comida, pero probaba un bocado y ya no quería mas.— Princesa, te enfermarás si sigues así.—-a ja.— Vamos come un poco más.— No quiero Enzo, gracias.No se rindió, solo cuando vio que me había comido la mitad del almuerzo, recién se rindió y me dejó sola en mi casa, apenas se fue, fui a mi habitación, me di una ducha y volví a acostarme a dormir.Esa noche me levanté para preparar un té, intentando engañar a mi cuerpo con la rutina, cuando un ruido me heló la sangre. Provenía del garaje.Me quedé quieta, el corazón golpeando con fuerza. Afuera, sentí pasos. Voces bajas. Un movimiento extra
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