Cocinando para Adriano.
ADRIANO
El cristal frío de la ventana era el único testigo de mis pensamientos. Afuera, la ciudad se movía como siempre: autos, gente apurada, el ruido cotidiano. Pero yo solo pensaba en ella, mis ojos bajaron a la multitud y como si mis deseos se materializaran, ahí estaba.
Dalia, mi pequeña flor.
Caminaba despacio por la vereda de enfrente, la cabeza gacha, como si cada paso le pesara toneladas. El corazón me dio un vuelco brutal, tanto que tuve que apoyar la mano contra el vidrio. Mi cuerpo