Mientras tanto, en el apartamento, Abigail caminaba de un lado a otro como un animal enjaulado. La orden de restricción era clara, no podía salir de la ciudad con Gabriel, y en cualquier momento podrían emitir una orden para llevarse al niño provisionalmente con ellos.Su corazón estaba intranquilo.—No voy a permitirlo, Rose. No pueden quitármelo —decía Abigail, con la voz quebrada mientras sostenía el teléfono en sus manos hablando con su amiga—. Rafael salió, seguro fue a hablar con ella, él me prometió que nos protegería.—Abi, Rafael es un Baker —respondió Rose con cautela—. Su lealtad puede ser con ella, con su abuela. Tienes que ser inteligente. Si ellos van por la vía legal, tú necesitas aliados poderosos. Y la verdad es que, no hiciste las cosas bien y eso lo pueden usar en tu contra. Ella colgó la llamada sin siquiera despedirse, cuando la puerta empezó a sonar. Abigail corrió pensando que era Rafael, pero al abrir se encontró con Max. Tenía el rostro tenso. —Abi, me ente
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