Rafael y Abigail regresaban al apartamento, cansados y felices, sin saber que en la recepción del edificio los esperaba un oficial con un sobre sellado.
Al entrar, el hombre se acercó, siguiendo las instrucciones de Elizabeth, instrucciones al pie de la letra.
—¿Abigail Taylor? —ella se detuvo y sintió un escalofrío.
Rafael se hizo delante de ella y puso a Gabriel también detrás de su cuerpo.
—Sí, soy yo —respondió ella, sintiendo que el frío regresaba de golpe. Recordó ese mensaje y su sa