Rafael estaba en su oficina, de pie frente al ventanal que dominaba la ciudad. Sus manos temblaban levemente, no de miedo, sino de una impaciencia que le provocaba toda esta situación. Acababa de colgar con su abogado personal, dándole instrucciones claras: quería la nulidad del matrimonio con Zoe y que la demanda se retirara, y si era necesario demandar a su abuela por ese hostigamiento en contra de Abigail.
Sentía que, por primera vez en años, el aire entraba en sus pulmones con libertad. Ha