Elizabeth fue dada de alta bajo estrictas condiciones médicas, había sufrido un infarto, no obstante, no tuvo que pasar más tiempo en el hospital, lo que significaba que Rafael debía permanecer en la casa para asegurar su cuidado. Como parte de un pacto de paz para evitar que la salud de la anciana empeorara, Elizabeth permitió que Gabriel fuera trasladado a la habitación contigua a la de Rafael. Él quiso detenerse solo un par de días con lo de la demanda, al menos mientras ella se estabilizara. Para Rafael, tener a su hijo cerca era un alivio, pero el niño no era el mismo. Gabriel apenas hablaba, se negaba a comer, pasaba horas mirando la puerta, esperando que su madre cruzara el umbral.—¿Dónde está mamá? —preguntó Gabriel, con los ojos llenos de lágrimas.Rafael se arrodilló frente a él, con el corazón roto. —Mamá está... está resolviendo unos problemas, campeón. Pero pronto estaremos todos juntos, te lo prometo.Rafael lo acostó y le leyó un cuento, lo tapó cuando se quedó dorm
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