Rafael parpadeo unas cuantas veces, eso había sido peor que una puñalada. Abigail limpió las lágrimas que salieron rodando por sus mejillas. Las cosas eran realmente difíciles, y la culpa que sentía, no la dejaría vivir tranquila por el resto de su vida. Había hecho las cosas mal y ahora su hijo tenía que pagar las consecuencias. Rafael le dio una sonrisa llena de calidez a ella. Una sonrisa con la que le daba esa seguridad que en ese momento necesitaba. —Tu tío Max, no está. Él salió porque… quiso que nuestro encuentro fuera maravilloso —habló Rafael con la voz entrecortada—. Estoy aquí para conocerte, ¿Quieres conocerme? Gabriel seguía ocultando su rostro entre el cabello de Abigail. Pero al ver que su mamá le hacia señas para que se abriera más a él, asintió con su cabeza. —Mi nombre es Rafael, y estoy encantado de conocerte. Eres un niño precioso. Eres el hijo que siempre deseeamos tener. Rafael sacó del bolsillo, algunas fotos de Abigail y él años atrás. También sacó un m
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