El Grand Palais explotó en caos.No fue el tipo de caos que llegaba gradualmente, con susurros crecientes y movimientos inquietos. Fue instantáneo, absoluto, como si alguien hubiera cortado el cable que mantenía la realidad funcionando correctamente. Un segundo, la pasarela brillaba bajo las luces diseñadas para convertir tela en arte. Al siguiente, Alessandra Ricci estaba parada en el centro exacto de ese escenario cuidadosamente construido, un micrófono en la mano y una sonrisa en los labios que no prometía nada bueno.Valeria la observó desde el backstage, sus dedos aferrándose al borde de la cortina con una fuerza que hacía que los nudillos se volvieran blancos. Esto no está pasando. No puede estar pasando.Pero estaba pasando.Los oficiales de seguridad de André corrieron hacia Alessandra desde tres direcciones diferentes, sus movimientos coordinados con la precisión de profesionales que habían entrenado para exactamente este tipo de situación. Pero antes de que pudieran alcanzarl
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