La oficina de André Bouchard en París era diferente a la de Madrid. Más austera, más oficial, con banderas francesas y españolas flanqueando su escritorio como recordatorio de que esto ya no era solo negocio de moda.
André revisó el testimonio de Valeria durante veinte minutos en silencio absoluto. Enzo estaba a su lado, Marcus al otro, todos esperando el veredicto.
—Esto es extenso. —André finalmente levantó la vista—. Y muy creíble. Con la evidencia que el señor Webb ha proporcionado, tengo su