La conversación que cambiaría todo comenzó en la cocina de la residencia, cuando el vapor del café matutino aún flotaba en el aire y Lorenzo gorjeaba tranquilamente en su sillita. Enzo había estado callado desde la llamada de Viktor, sus ojos verdes clavados en Sofía como si la viera por primera vez.Claudia sostenía a la bebé contra su pecho, meciéndola suavemente mientras observaba la expresión cada vez más sombría de Enzo. Había algo diferente en su mirada, una frialdad que no había estado ahí antes.—Necesito una prueba de ADN —dijo finalmente, su voz cortando el silencio matutino como una navaja.Las palabras cayeron sobre la cocina con el peso de una sentencia. Valeria, que estaba preparando el biberón de Lorenzo, se congeló con la mano a medio camino hacia el armario. Claudia palideció visiblemente, apretando a Sofía con más fuerza.—¿Qué? —Su voz salió como un susurro quebrado—. Enzo, ¿por qué...?—Porque necesito estar seguro. —Los ojos de Enzo no se apartaron de Sofía, pero h
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