Mundo ficciónIniciar sesiónLa noche había caído sobre la ciudad cuando el Maserati de Enzo se detuvo frente al edificio de Valeria. El silencio entre ambos era tan denso que podía cortarse con un cuchillo. Durante todo el trayecto desde el evento, ninguno había pronunciado palabra, como si ambos estuvieran acumulando fuerzas para la tormenta que se avecinaba.
Valeria observó las manos de Enzo aferradas al volante, los nudillos blancos por la presión. Su perfil recortado contra las luces de la ciudad mostraba una







