La alerta llegó como un murmullo antes de convertirse en un patrón. Primero, fue un registro estadístico, un cruce de datos que no debía cruzarse: actividad cerebral, patrones de análisis de riesgo, respuestas de sistemas de vigilancia que seguían el rastro de lo que había sido Ethan. Pero cuando lo revisé, no había nadie allí. Ninguna presencia reconocible. Ninguna firma concreta. Solo ecos, reproducciones, repeticiones de comportamientos que yo conocía demasiado bien.Observé los mapas de datos desplegarse sobre la pantalla. Movimientos, decisiones, interferencias estratégicas. Todo con la precisión quirúrgica de Ethan, pero sin él. Era como ver un fantasma moverse con exactitud matemática. No existía. Y aun así, sus huellas estaban allí, repartidas, multiplicadas, adaptándose a circunstancias que él nunca habría previsto. No lo maté. Lo distribuí, dije en voz baja, y el sonido de mis propias palabras retumbó en la habitación silenciosa.Dante apareció detrás de mí, sin anunciarse,
Leer más