Con la tensión disipándose, Nant buscó la mirada de Yago para dejar claro el último punto, el más importante para su futuro compartido.—Yago, por favor, no pienses mal —dijo ella, acariciando su mano con suavidad—. No creas que no quiero hijos contigo. Sí los deseo, con todo mi corazón. Solo quiero que lleguen a su debido tiempo. No me importa si es antes o después de casarnos, pero que lleguen cuando tengan que llegar, no por presión ni por estrategia.Yago asintió, sintiendo una paz profunda al escucharla. Le dio un beso tierno en la frente, sellando el entendimiento mutuo. —Así es, mi cielo. Llegarán cuando tengan que llegar. Ni antes, ni después.Se puso de pie y le tendió la mano para ayudarla a levantarse del sofá. —Ven, vamos a comer o a hacer algo. Ya se nos fue media mañana en dramas.Caminaron hacia el vestíbulo donde Albert esperaba discretamente, siempre atento a las necesidades de la casa.—Albert —llamó Yago con tono ejecutivo—. Por favor, que se lleven el Interceptor.
Leer más