Capítulo 266— Volviendo a casa La familia comenzó a dispersarse poco después de la boda, como si el día se fuera desarmando en fragmentos inevitables que nadie quería recoger del todo. Nadie lo decía en voz alta, pero todos lo sentían con una claridad dolorosa: quedarse era tan difícil como irse, y cada despedida llevaba escondida una pequeña renuncia. Algunos tomaron rumbo a Colonia, otros a Maldonado, otros regresaron al campo. Martina y Elián volverían a Madrid. No querían irse tan pronto. Nadie quería. Pero el cuerpo de Elián marcaba límites claros, de esos que no admiten discusiones innecesarias. Habían estirado el tiempo todo lo que pudieron, cuidando al extremo, midiendo cada paso, cada descanso, cada emoción. Aun así, habían viajado. Se habían arriesgado. Martina lo había cuidado con una atención casi obsesiva, pendiente de cada gesto, de cada respiración, y gracias a Dios el corazón de Elián había respondido bien, como si también entendiera la importancia de estar ahí.
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