Capítulo 277 — El Legado y el Silencio El día que Ayden asumió oficialmente la presidencia del Castell Group, Ariel y Evan tenían seis meses recién cumplidos. Ya no eran bebés frágiles. Eran fuertes, curiosos, llenos de vida. Se criaban sanos y eran preciosos. Todavía no habían podido bautizarlos. No por falta de deseo, sino por la vida misma, que a veces exige esperar. Martina y Elián no podían viajar. Elián había tenido una recaída y había debido ser operado de urgencia una vez más. Su corazón —ese que siempre había sido una batalla— volvía a pedir cuidado, paciencia y tiempo. Martina no estaba bien. Sufría por su esposo; como madre trataba de estar fuerte y, como médica, luchaba, aprendía y curaba corazones rotos. El cansado corazón de su esposo lo remendaba como podía, porque él no quería ser trasplantado. Eran cosas que podían pasar, sí, pero dolían igual. Ayden y Milagros lo entendían. No había apuro. —Si hay que bautizarlos con diez años, se los bautiza con diez —había d
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