CAPÍTULO — Lo que No se Dice Aún
Mía llegó a casa con sus padres después de la boda de su hermano, cuando el sol ya se había ocultado por completo y la noche envolvía Montevideo con un aire tibio y cansado.
Había sido un día largo, cargado de emociones intensas, de abrazos, de lágrimas contenidas y sonrisas que todavía le dolían en las mejillas de tanto sostenerlas.
Había dormido poco. No mal, pero poco.Preocupada por ese hombre que hoy no le había escrito en todo el día.
El cuerpo estab