CAPÍTULO — CUANDO EL AMOR TAMBIÉN ES GUERRA
No fue ella quien volvió sola a su departamento aquella noche, y tampoco fue él quien se despidió en la puerta como si ese fuera un gesto inevitable. No hubo frases hechas, ni promesas teatrales, ni silencios incómodos que exigieran explicaciones. Simplemente se fueron juntos, como dos personas que no necesitaron ponerse de acuerdo porque, sin decirlo, ya lo estaban.
Ayden no soltó la mano de Milagros en todo el trayecto. Ni cuando entraron al ascens