CAPITULO —ME CONTUVE
Siguieron en el mismo silencio espeso cuando Ayden cerró la puerta del apartamento, como si el mundo se hubiera quedado del otro lado y ellos dos fueran los únicos habitantes de algo nuevo que todavía no se animaban a nombrar. Milagros dejó el saco sobre una silla y fue directo a la cocina, abrió la heladera sin saber bien qué buscaba y se quedó mirando un instante el interior, no por hambre sino porque necesitaba un gesto cotidiano para volver a la tierra después del golpe