Serena sonrió, e hizo un baile de cejas. —Se nota que lo amas mucho, además de que lo conoces muy bien.Tuve que darle un sorbo largo a mi jugo para no reír histéricamente como loca. ¿Amarlo? ¿Conocerlo? Que estupidez. ¿Cómo podría amar al hombre que más daño me había hecho? ¿Cómo podría conocer al hombre que tenía tantos límites? Ni siquiera podía acercarme.Una cosa era aprender a leer sus gestos, otra conocerlo de verdad. Ni siquiera conocía nada de su vida, su pasado, sus miedos, lo que le gustaba. De verdad yo quería acceder a esa parte de él, pero él nunca se abriría conmigo. Había un glaciar demasiado grande entre nosotros. Entonces pensé en Gael, y más me asusté. ¿Por qué con él nunca sentí esa intensidad, ese calor, ese ardor?Con Gael todo había sido agradable, tranquilo, nunca me temblaron las manos al rozarlo. Nunca me ardió la piel con una mirada. Quise llorar, porque me aterraban muchas cosas. Un leve temblor me recorrió de pies a cabezas, volví a levantar la mirada
Leer más