Denayt.
Lo primero que se me ocurrió cuando crucé la puerta de la mansión fue que tenía que huir. Así, sin lógica. Sin una razón clara. Solo huir. ¿De qué? No lo sabía. Y eso era lo más aterrador. Cuando ni siquiera puedes ponerle nombre a lo que te persigue, no sabes hacia dónde correr.
Me excusé con lo primero que sonó razonable. Era la coartada perfecta. Tenía demasiadas cosas en la cabeza. Demasiadas sensaciones que no encajaban. Ninguna palabra servía para ordenarlo. Había momentos, en lo