Santino se quedó pasmado al ver a Valentina, sus ojos brillaron con intensidad —¿De dónde salió esta preciosidad? Parece una diosa celestial.Aitana, aterrada, se escondió detrás de Valentina —Es mi compañera de clase... Santino, por favor, ambas somos estudiantes, no hacemos ese tipo de cosas, déjanos ir...—¡Mejor aún que sean estudiantes, me encantan las universitarias! —exclamó Santino mirando a Valentina con lascivia— Ya que son compañeras, esta noche me atenderán las dos juntas.Volviéndose hacia sus guardaespaldas, ordenó —Llévenselas a las dos.Valentina, protegiendo a la temblorosa Aitana, miró con frialdad a Santino —¡Secuestrar mujeres a plena luz del día es un delito!—¿Delito? ¡Ja, ja, ja! —Santino rió con arrogancia— Soy alguien importante en Nueva Celestia, tanto que me siento a la misma mesa que el señor Figueroa, el hombre más rico de la ciudad. ¿Y me vienes a hablar de delitos?Mateo Figueroa, el magnate de Nueva Celestia. Valentina llevaba varios días sin contactar c
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