Daniela le guiñó un ojo con picardía. —Tu marido se portó muy bien esta vez.
—¿Valentina, el señor Figueroa es tu esposo? ¿De verdad eres la señora Figueroa? —Preguntó Aitana mirándola con asombro.
Daniela asintió. —¡Nuestra Valentina es la mismísima señora Figueroa!
—Qué afortunada eres. —dijo Aitana tomándola del brazo, con expresión de admiración.
Valentina sonrió con cierta amargura, ni ella misma sabía qué era la fortuna.
Se recostó en la cama y sacó su celular, abriendo el chat de WhatsApp