Él la provocaba a propósito; solo cuando ella lo miraba con rabia parecía cobrar vida.
—Ruégame y te sacaré de aquí. —Dijo él.
Siendo quien era, había captado su difícil situación de inmediato; y aun con eso quería que ella le suplicara.
Pero ella jamás le rogaría.
No necesitaba que él la salvara, no quería deberle nada.
—¡Señor Figueroa, suélteme, por favor!
Se liberó con fuerza y se levantó de sus piernas.
No quería permanecer allí, así que abrió la puerta y salió.
Santino se levantó de inmedi