Narrado por EmmaHabía pasado un mes más desde que llegamos a la cabaña. Mi vientre apenas empezaba a mostrar una curva sutil, un secreto que solo Noah, Cassy y yo compartíamos con reverencia. Noah había insistido en traerme a una clínica privada en la ciudad vecina, una pequeña instalación de prestigio donde sus contactos militares garantizaban discreción. Necesitaba una ecografía; necesitaba saber que, a pesar de todo el horror, esa pequeña vida estaba creciendo sana.—Todo saldrá bien, nena —me dijo Noah, besando mi frente antes de soltar mi mano en el pasillo de la zona de administración—. Ve preparándote con la enfermera, yo solo voy a liquidar la cuenta y a asegurar el perímetro de salida. No tardo ni cinco minutos.Le sonreí, sintiéndome extrañamente ligera. Verlo tan comprometido con este embarazo, fuera o no su sangre, me devolvía la fe en la humanidad. Caminé por el pasillo de paredes blancas, buscando la sala 402. La clínica estaba inusualmente silenciosa, el aire olía a de
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