Narrado por Emma
La cabaña se sentía inmensa a pesar de su tamaño real. El silencio solo era interrumpido por el crujir de la madera en la chimenea. Estaba sentada en la cama, con las manos entrelazadas sobre mi vientre, sintiendo una conexión aterradora con lo que crecía dentro de mí. Cada vez que cerraba los ojos, veía el rostro de Dylan, su sonrisa cruel, y sentía ese asco visceral que amenazaba con ahogarme.
Escuché los pasos de Noah. Eran pesados, pero cuidadosos, como si temiera que el si