Narrado por NoahEl helicóptero aterrizó con un estruendo que me resultaba familiar, pero esta vez, el polvo que levantaban las hélices me parecía más brillante, casi festivo. Habíamos logrado neutralizar la emboscada, los suministros estaban a salvo y, lo más importante, yo estaba de vuelta. Salté de la rampa antes de que terminara de bajar, ignorando el cansancio que me pesaba en los huesos tras treinta horas de combate y patrulla.—¡Buen trabajo, muchachos! —grité a mi equipo, dándoles una palmada en el hombro—. ¡Vayan a las duchas, nos vemos en el informe de las 08:00!Caminé a grandes zancadas hacia la clínica. Mi mano buscó instintivamente el cuello de mi camisa, donde todavía podía sentir, bajo la tela, el rastro de los besos de Emma de la madrugada anterior. Sonreí como un idiota. Imaginaba su rostro iluminándose al verme entrar, su regaño por haber tardado tanto y, sobre todo, la calidez de su abrazo.Pero al llegar a la entrada de la clínica, algo me detuvo en seco. Los dos
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