No supe qué decirle a mi madre en ese preciso instante. Me quedé helada, con la boca entreabierta, buscando torpemente las palabras adecuadas que pudieran apaciguar el fuego de la decepción que ardía en sus ojos. Ella se encontraba visiblemente molesta y afectada en el peor de los sentidos, ya que, conociéndola como la conozco, seguramente estaba pensando que este matrimonio relámpago es por un vulgar chantaje, una trampa de mi parte para amarrar a un hombre millonario a causa de un error. Tragué saliva, sintiendo que el aire me faltaba en medio de aquel salón abarrotado. Le dije, con la voz temblorosa, que no era en absoluto lo que ella estaba pensando y que lo que pasó entre nosotros fue… simplemente inesperado. Un arrebato, una locura de la que ahora debíamos hacernos responsables. Pero mi madre no es ninguna tonta, ni mucho menos ingenua. Me cuestiona con el simple hecho de mirarme fijamente; conoce cada uno de mis gestos. Para ella, todo esto no es lo correcto, va en contra de l
Ler mais