CAPITULO 18
No supe qué decirle. Las palabras simplemente se atoraron en mi garganta, secas y rasposas, dejándome sin capacidad de respuesta. Me quedé completamente inmóvil, paralizado como un idiota en medio de la acera fría mientras mi mente intentaba asimilar su arrebato. Ni siquiera pude reaccionar a tiempo para detenerla cuando la vi alzar la mano, subirse a toda prisa a un taxi amarillo y desaparecer en la oscuridad del tráfico nocturno. Cuando por fin mi cerebro procesó la gravedad de lo que acababa