No supe qué decirle a mi madre en ese preciso instante. Me quedé helada, con la boca entreabierta, buscando torpemente las palabras adecuadas que pudieran apaciguar el fuego de la decepción que ardía en sus ojos. Ella se encontraba visiblemente molesta y afectada en el peor de los sentidos, ya que, conociéndola como la conozco, seguramente estaba pensando que este matrimonio relámpago es por un vulgar chantaje, una trampa de mi parte para amarrar a un hombre millonario a causa de un error.
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