—¿Acaso no tienes absolutamente nada mejor que hacer con tu vida que sentarte aquí a observarme? —me desespero y me fastidio profundamente, lanzando el mando de la consola al sofá con un golpe seco. El ambiente entre nosotros es tan tenso que parece que podría cortarse con un cuchillo.—Tú misma lo has dicho hace un momento: soy tu esclavo y, por lo visto, no tengo planes mejores. —Gabriel me sonríe con una tranquilidad insultante, cruzando sus piernas con elegancia mientras me observa.—¡Dios, eres un fastidio absoluto! —murmuro, totalmente estresada y rozando el límite de la cordura—. A ver, suéltalo ya, ¿qué es lo que quieres saber de mí para dejarme en paz de una buena vez?—¿Ahora comprendes que, tarde o temprano, ibas a terminar cediendo ante mi presencia? —se ríe entre dientes, disfrutando del hecho de que, finalmente, he perdido la batalla contra su inmensa y calculada paciencia.—¡Habla de una vez y deja de burlarte, Gabriel! —exijo, cabreada, sintiendo cómo el pulso me marti
Leer más