Por su expresión radiante y la de mi madre, mis nervios se alteran de inmediato, tensando cada músculo de mi cuerpo. Me niego rotundamente a creer en lo que estoy pensando, pero la desbordante alegría que destilan sus rostros me indica que, en efecto, se trata de aquello que tanto me altera y me desestabiliza.—¿Qué es esa gran noticia, papá? —inquiero, visiblemente nerviosa.—Edmon y Miranda regresarán de Canadá el fin de semana.—¡¿Qué?! —grito, dando un paso atrás, completamente sobresaltada.—Mía, por Dios, ¿acaso no te alegra en lo absoluto que tus propios hermanos vuelvan después de tanto tiempo sin verlos?—No —respondo con una frialdad cortante que hiela el ambiente de la habitación.—¡Mía! —reprende mi madre con dureza—. ¡Debes estar feliz y agradecida por su regreso!—No, mamá, ni creas por un segundo que lo voy a aceptar; es más, mentiría descaradamente si digo que estoy feliz por su regreso. Ambos saben perfectamente cómo es Miranda. Me alegra que Edmon vuelva, pero Mirand
Leer más