—No —respondo, cortante, mientras clavo mis ojos en los de Gabriel, desafiando cualquier posible mentira que intente articular.
—¿Sí? —replico ante la expresión de sorpresa de Miranda, quien parece haber olvidado que estoy observando cada uno de sus movimientos—. ¿Quieres saber exactamente por qué está ella aquí realmente, Gabriel?
—¿Pasa algo que deba saber? —inquiere él de nuevo, luciendo genuinamente confundido por el ambiente cargado de electricidad estática que se respira en la oficina.
—N