El Dolor de un Adiós
Tengo un novio muy posesivo. Durante nuestros siete años de noviazgo, Israel siempre repetía:
—Mi novia es maravillosa, ¿sabes? Pero no te le quedes viendo, o te las verás conmigo.
—Mi amor, eres tan hermosa que cualquiera se fijaría en ti; con solo que alguien te mire, me dan celos.
Por eso, jamás me dejó entrar en su círculo social, hasta que encontré una cuenta secundaria de su perfil.
Tres años.
Más de seiscientas publicaciones. Todas retrataban los momentos que compartía con otra. Paseaban por Machu Picchu, pedían deseos en la cima del Nevado de Toluca y se besaban abrazados en las calles de Sídney.
En la publicación más reciente, él y esa chica se besaban a la orilla del mar entre los gritos y celebraciones de muchos amigos.
El texto decía: “Amar a alguien es no poder evitar presumirla ante el mundo”.
Con los dedos temblorosos, cerré en silencio la aplicación y compré un boleto de avión. Al parecer dejar atrás siete años de relación toma solo un instante.