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Divorciada Por Mi Esposo Frio Regrese Como CEO

Divorciada Por Mi Esposo Frio Regrese Como CEO

Fui abandonada, traicionada y obligada a dejarlo todo atrás… incluyendo al hombre que una vez amé. Divorciada por un esposo frío e insensible, desaparecí de su vida, solo para regresar cinco años después, más fuerte, más inteligente e imparable. Ahora, soy la CEO de una empresa, y nuestros caminos están destinados a cruzarse de nuevo. Él piensa que me he ido. Piensa que puede seguir adelante. Pero, ¿qué sucede cuando el hombre que rompió mi corazón descubre que el hijo que nunca supo que existía es suyo? La venganza, el arrepentimiento y el amor prohibido chocan en una historia de traición y redención. ¿Luchará por lo que perdió… o finalmente me alejaré?
Romance
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Entre el Amor y la Venganza

Entre el Amor y la Venganza

Crecí junto al Alfa de la manada Avalora, Griffith. Todos decían que yo era la mujer más afortunada de Mandarilla. Por mí, Griffith rechazó la oportunidad de estar con la pareja que la Diosa Lunar había escogido para él. Renunció a su destino, y anunció ante el mundo que yo era su único amor. Sin embargo, después de un aborto espontáneo, escuché por casualidad a Griffith hablando con una bruja: —Busca la manera para darle a Felicia un somnífero, sacarle el útero y asegurarte de que nunca más pueda tener hijos. Luego, acarició la barriga de otra mujer y dijo: —Dale la mejor medicina para el embarazo. Quiero que tenga el niño más fuerte e inteligente del mundo. Reconocí a aquella mujer de inmediato: era Giselle, la pareja que la Diosa Lunar había designado para Griffith. A continuación, Griffith les habló a todos los presentes con tono autoritario: —Este asunto debe permanecer en secreto. Felicia no puede enterarse. Hagan todo lo posible por cuidar su salud, o, de lo contrario, tendré que hacerles frente a las consecuencias. Mi corazón se rompió en mil pedazos. No podía creer que ese hombre, el mismo que juró amarme más que a nada, era capaz de traicionarme así. Después de eso, me fui sin decir nada, dejando que ellos dos, como pareja predestinada, pudieran estar juntos. Aun así, Griffith me dijo que, después de eso, no podía amar a nadie más. Que ya no era capaz de amar a nadie más.
Cuento corto · Hombres Lobo
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AXEL

AXEL

Marisancar
Me detengo en seco cuando siento sus ojos sobre mi, él me mira desde la tarima con esos ojos azul oscuro tan intensos que ponen mis rodillas temblorosas. Oh… Por… Dios… —Di que eres mía… Que soy tu dueño y me amas solo a mi… Cuando compré la entrada para este concierto, yo solamente esperaba a lo mucho una mirada, pero jamás esperé que él se detuviera a mirarme fijamente a ver las payasadas que yo hacía mientras enloquecía con su voz. Él, el chico más sexy de todo América, diecinueve años privilegiando al mundo con su presencia, ese es Axel Eaton. —¡Te amo! Grito con todas mis fuerzas mientras continuo bailando y saltando al ritmo de la música. De su música. La manera en la que él canta aquella canción con sus ojos fijos en mi me vuelve completamente loca. Yo no quiero solo una mirada, quiero más, mucho más.
Romance
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MI DESASTRE.

MI DESASTRE.

Reeven
- ¿Quieres que German sea normal? -Por favor, tiene 17 años Graham. ¿Qué esperas de él? -Que sea el mejor, no por nada le estoy pagando esa escuela tan cara. -Sabes que, eres imposible no se puede razonar contigo y estoy harta así que señor presidente. -Tome demasiado aire y lo solté. -Renunció. -Que bien se siente eso. -No puedes renunciar por esto, ni siquiera se trata de tu trabajo. -Exacto, pero tú lo has hecho mi trabajo pidiendo que fuera a sus juntas, que sea tu presencia en cada juego así que tú lo has hecho mi asunto. Y no soporto ver como tratas así a tu hijo, Renunció. -No te lo pienso permitir. -Obsérvame. -Dejé mi agenda en su escritorio y salí de su oficina, entre a la mía solo por mi bolso, no saben que coraje traigo atorado en la garganta. Ahí están, las enormes puertas hacia mi líber... -Discúlpeme señora Robledo, pero tengo ordenes de llevarla a la fuerza de regreso. -Me tocas y te mueres. Ya estoy de nuevo en el despacho de Graham, este idiota lo pagará. -La madre de German murió cuando nació, no sé cómo ser padre y dirigir una empresa a la vez. -Eso me queda claro. -Cásate conmigo y se esa madre que Germán necesita. -Estás loco, búscate a alguien más. -Piensa en Sofía, tendrá la mejor escuela y pagaré su universidad. -Desgraciado, sabe cómo hacerme ceder. -Puedo arreglármelas sola, y como dije, busca a alguien más.
Romance
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Diez Dólares, Dos Vidas

Diez Dólares, Dos Vidas

Últimamente, en la Manada Luna de Sangre no se habla de otra cosa: el Alfa, Gael Ibarra, decretó que en la Casa del Alfa nadie puede gastar más de diez dólares al día. Sí, diez miserables dólares. Y lo peor: esa regla absurda no vino de ninguna tradición ni consejo de ancianos, sino de su flamante “planificadora financiera”, Lía Rosales. Yo, la Luna, por gastar apenas un dólar de más en medicina, fui arrastrada al patio y condenada a veinte latigazos. Con apenas dos golpes, ya sentía la piel desgarrada y la falda pegada a la sangre. Mi asistente corrió hacia mí, desesperada, llorando: —¡Basta, por favor! ¡La Luna está delicada, no puede soportar un castigo así! Pero Lía levantó el brazo con más saña: —¡Veinte por un dólar de más! Eso fue lo que me prometió el Alfa. ¿Quién se atreve a desobedecer? Me abracé el vientre, jadeando, y con la voz hecha un susurro logré decir: —Llamen… al Alfa… Gael llegó rodeado de su séquito. Cuando sus ojos vieron mi espalda hecha un mapa de sangre, brilló en ellos algo que parecía compasión. —Lía, basta ya —ordenó. Ella lo miró con lágrimas contenidas: —Cuando me trajiste, dijiste que todos iban a obedecerme. Ni siquiera he usado la fuerza. ¿Ahora te vas a echar atrás? Dio media vuelta, ofendida. Gael le sostuvo el brazo y murmuró con cansancio: —Está bien… yo no me meto. No te desgastes. Que sigan los guardias. El cuero siguió azotando mi carne hasta abrirla en carne viva. Un calor tibio se desbordó entre mis piernas y, sin entender por qué, solté una risa quebrada que me llenó los ojos de lágrimas. Al día siguiente, cuando por fin Gael se acordó de mí y mandó llamar a la sanadora, encontró a mi asistente destrozada, abrazada a mi cadáver. —Luna… ¿cómo pudiste irte así? —sollozaba—. Dos vidas… dos vidas…
Cuento corto · Hombres Lobo
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En silencio te amare

En silencio te amare

Betty Rendon Mancilla
Después de la desgracia que el estado de Guerrero sufrió a causa del huracán Daina se fue a la ciudad de México con su hermana Roció quien la recibió muy bien sin saber que conocería a alguien que pondría su mundo de cabeza ella era una chica muy tímida no le gustaban las fiestas se encerraba siempre en su mundo, pues era algo insegura, pues su padre la creía tonta que no sabía valerse por sí misma, ya que siempre quería acompañarla a todas partes incluso a las citas que tenía con otros muchachos su hermana siempre se molestaba que no la dejaran salir siendo mayor de edad Roció le mostró otra vida que a ella le resulto agradable, pero siempre tenía la presión de hacerse cargo de su hermano y su papá, ya que no tenía una figura materna en esa vida ella pudo ser libre sin tener a alguien apurándola hasta para comer en fin estaba comenzando una nueva vida donde conoce a Fernando peña quien en tan poco tiempo se convirtió en su gran amor solo que había un detalle su exesposa y su vicio con el alcohol, pero a una si para ella era el hombre perfecto el hombre el cual amaría con todo su corazón. 
Romance
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Los Amigos no se Besan en la Boca

Los Amigos no se Besan en la Boca

Vickmaya
Zack Deilen y Álvaro Duncan, dos almas muy diferentes que encajan entre si a pesar de sus indiferencias y el oscuro pasado de la familia Duncan. Un hombre comiendo de la mano del otro, mirando como aquellos ojos mieles le producían a la vez miedo y fascinación. Era algo muy inquietante para cualquiera, sobretodo para los ojos de Zack. Sus azules ojos miraban un ser demoníaco, convertido en hombre; hambriento de saciar sus más lujurioso y oscuro apetito. No podía huir, no podía negarse ni resistir las crecientes ganas que aquel ser humano le provocaba. Placer ajeno. Placer del que siempre podría obtener siempre. Placer porque podía controlarlo. Placer que ya podía manejar. Placer que por fin logró manifestar. Placer que ahora, sólo le quedaba por soltar y dejar ir. Placer que a la larga, le dejaría sólo una herida abierta. Placer ajeno... a la propia realidad en la que estaba.
LGBTQ+
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La Búsqueda

La Búsqueda

Fui prisionera de Luis en una isla remota durante medio año. La gente decía que él había gastado millones para comprarme aquella isla. La seguridad que había en ese lugar era comparable a la de la Casa Blanca. Ni un solo pájaro que volara por encima de esa zona podía escapar sin que le volaran las plumas y el pescuezo de un balazo. Pero nadie sabía que esos cuidados y atenciones que todos envidiaban, para mí no eran más que una tortura. Hasta que él encontró a una chica que se parecía demasiado a mí. Fue entonces cuando comenzó a perder el interés en mí. Un día, ella aprovechó que él no estaba y llegó a la isla con un grupo de personas. Me rompió la mano, me marco la cara con un cuchillo y luego me metió en una jaula para perros. Cuando Luis me encontró, ya estaba al borde de la muerte. —¡Luis, esta mujer quería ganarse tu confianza imitándome! ¡Seguro es una usurpadora! ¡Hay que hacerla pagar un alto precio por esto!
Cuento corto · Drama Realista
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Dejé de ser su Luna... ¡y el Alfa enloqueció!

Dejé de ser su Luna... ¡y el Alfa enloqueció!

Cada semana, mi Alfa Bruce llevaba a una mujer distinta a casa, y frente a mí, en nuestra propia cama, se entregaba al desenfreno. Cada traición desgarraba mis sentidos; dolía como si unas garras afiladas me abrieran el alma. Él me odiaba; por eso me torturaba, una y otra vez, burlándose de mi confianza con su traición carnal. La noche de nuestro décimo aniversario llevó a la amante que había mantenido en secreto durante cinco años hasta nuestro territorio. Ella calzaba mis tacones, vestía mi traje de gala hecho a medida y lucía el anillo y el collar que yo había creído símbolos de nuestra promesa. Él, de pie ante todos los invitados, se burló: —¿No te gusta su vestido? Quítate el tuyo y dáselo. Ah, y esta noche no necesito que me atiendas. Ella es cien veces mejor que tú en la cama. La multitud estalló en carcajadas, convirtiéndome en su objeto de burla. Pero yo me levanté con calma y lo miré: —Quiero romper el vínculo. Él reaccionó como si oyera el chiste más aburrido: —Eso lo has dicho cien veces; ya me harté. ¿De verdad estás dispuesta a renunciar al puesto de Luna? Te arrastraste para que te marcara; tú te aferraste sin dignidad. La gente volvió a reírse a carcajadas. Pero ellos no sabían que, de todas esas cien veces, esa vez yo estaba decidida a terminar con esa agonía. Esa vez no lo quería ni a él ni al poder y la gloria de ser su Luna. Había decidido romper por completo el lazo de nuestras almas.
Cuento corto · Hombres Lobo
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La esposa de la mafia sin vuelta atrás

La esposa de la mafia sin vuelta atrás

Vincenzo Moretti era el magnate financiero más joven de Nueva York. Dirigía un conglomerado tecnológico valorado en más de diez mil millones y se había convertido en la nueva leyenda de las portadas de las revistas de negocios. Pero muy pocos sabían que, en realidad, era el Padrino que controlaba el núcleo de la mafia de la Costa Este. Para él, la riqueza, el poder y el destino no eran más que fichas de cambio. Y yo había sido una pieza que usó para apuntalar la alianza de su familia. En diez años de matrimonio, se acostó con mis amigas y compañeras de trabajo; cada una era alguien en quien yo confiaba. Aquella mañana llevé en brazos a nuestro bebé, recién cumplido el primer mes, a un chequeo médico. Su amante más reciente, Sienna, me atropelló con su auto. El niño lloraba sin parar; le supliqué que nos llevara al hospital. Cuando Vincenzo llegó, traía el gesto cargado de desprecio. —Isabella, ¿desde cuándo sabes fingir accidentes para estafar? —Aunque te mueras frente a mí, no te voy a dedicar ni una mirada. Dicho eso, tomó de la mano a su nueva conquista y se dio la vuelta para irse. Cuando por fin me llevaron al hospital, el bebé que llevaba en brazos ya había muerto por asfixia. Al enterarse, a mi madre le dio un infarto y no lograron reanimarla. Permanecí en coma dos días. Al despertar, Vincenzo no había ido a verme. El padre de Vincenzo, Renato Moretti —el verdadero viejo padrino—, se paró junto a mi cama. Yo, tranquila, le dije: —Déjeme ir. Lo que le debía a su familia ya lo pagué con mi vida. Tiempo después, ese marido mafioso que me había tratado con frialdad se arrodilló frente a mí y me rogó que volviera a casa. Pero yo ya no era la mujer sumisa y humillada que esperaba a que él mirara atrás. Era la esposa de la mafia que se da la vuelta… y no vuelve a mirar atrás.
Cuento corto · Mafia
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