La Inocencia Que Práctica
—Tío... es tan grande. ¿Todos los hombres son así?
La sobrina de mi esposa, con la cara encendida, dejaba que yo la tocara. Sus manos delicadas, algo torpes, tanteaban mi cosa por encima de mi pantalón.
Al ver cómo su cuerpo reaccionaba bajo mis caricias, la provoqué: —No solo eso, los hombres también pueden metértelo por atrás.
Dicho esto, presioné a propósito con mi entrepierna contra la suavidad de su palma.
Lo que no esperaba era que, con una mano, ella levantara el vuelo de su propia falda, y con la otra jalara mi ropa para agarrar aquello que ya estaba bien erguido.
Aquello tan abultado presionó contra su bajo vientre. Su cara se puso roja. Sosteniendo eso, comenzó a frotarlo contra su vientre, e incluso parecía querer ir más abajo...