La tarde caía sobre la mansión con una suavidad engañosa, tiñendo las paredes de un dorado cálido que invitaba a la paz. Elena se encontraba en el salón principal, rodeada de muestras de telas para las cortinas de la futura habitación del bebé, siguiendo las recomendaciones de serenidad que la Dra. Batelly le había insistido en mantener. Alexander, por su parte, intentaba concentrarse en unos documentos legales, aunque su mente era un campo de batalla donde los mensajes de Sofía se repetían com