La mañana del día siguiente fue un ejercicio de contención agónica. La mansión de las colinas parecía haberse convertido en un ecosistema separado del resto del mundo, un lugar donde el tiempo se medía a través del goteo de los sueros y el susurro de los monitores. Elena continuaba en un reposo estricto; la Dra. Batelly había supervisado personalmente cada detalle de su entorno, asegurándose de que la temperatura, la iluminación y el silencio fueran los adecuados para evitar cualquier nueva cri